¿Dios castiga?

Si nosotros conducimos imprudentemente un vehículo y nos chocamos ¿es un castigo o una consecuencia de nuestra imprudencia?

Hoy en día incluso algunos usan el término «Karma» para referirse a una especie de castigo inmediato que «el universo» como una especie de dios ofrece; sin embargo el karma no es real desde que podemos ver que gente que hace el mal no recibe una consecuencia inmediata por sus actos, y vemos que gente buena o inocente a veces sufre injustamente. Si el karma fuera real no hubiera necesidad de jueces y un sistema judicial y penal, cada uno recibiría en automático su propio castigo por sus actos. Esta idea del Karma impersonal parece querer influir en la forma de ver nuestra relación con Dios.

Pero entonces Dios castiga ¿Si o no? Bueno, tenemos que entender primero que la palabra castigo tiene varias acepciones o significados, y que estas interpretaciones pueden estar condicionadas por la forma en que a nosotros nos castigaron, quizá nuestros, padres, profesores o alguna figura de autoridad. Cuanto mas severamente hayamos sido castigados en nuestra vida, mas entenderemos el castigo como un daño que procede de alguien solamente superior a nosotros. Por ello el término más apropiado para aplicar en este caso es «corrección» y esta corrección divina no será ni por odio ni siquiera como la primera alternativa de Dios para ti, es más podríamos decir que cuanto mas le permitas a Dios actuar en tu vida, es más posible una corrección a veces, con tal de evitarte peores circunstancias, pues la finalidad del castigo como corrección es esa, sacarte de una situación de pecado y desgracia. Entonces podríamos decir que Dios corrige a los que Ama (Apocalipsis 3,19)

Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te ofendas por sus reprensiones.
Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido.
(Proverbios 3,11-12)

Quienes no han reconocido a Dios como su Dios y Señor es menos frecuente que intervenga Dios con un acto de corrección, en todo caso la mayoría de las veces aquello que vemos como castigo, no será sino nuestra conciencia reclamándonos a nosotros mismos por vincular lo malo que nos pasa pero siendo realidad la consecuencia de nuestros propios actos no tan buenos o llanamente malos. Y es que para que Dios actúe en nuestra vida de una manera mas plena, tenemos que concederle esa libertad en nosotros, decir «Señor haz de mi lo que quieras«, y pueda entonces como el caso del Alfarero a su obra, moldearnos, a su manera. Las injusticias en el mundo son tan solo consecuencia de la ausencia de Dios, pero no porque el no quiera estar en nuestras vidas para nuestro bien, sino que nosotros lo hemos expulsado.

Un poema intenso que pudiera acercarnos a el misterio de la corrección divina, pudiera vislumbrarse en el texto de «mi Cristo Roto» de Ramón Cué Romano.

A pesar de lo anterior, tenemos que decir que Dios también interviene con mas severidad en ciertas situaciones, especialmente aquellas donde se abusa y maltrata al inocente, donde se pervierte o quieren hacer daño a sus hijos e hijas. Es cierto también que dentro de la paciencia divina este castigo puede llegar aparentemente tarde o incluso llegar después de la muerte del malhechor. Pero tarde o temprano, en este mundo o el otro, deberemos rendir cuentas de nuestros actos.

Sin embargo no debemos perder de vista que:

Dios quiere que todos los hombres sean salvados y que lleguen al conocimiento de la verdad. (1a Timoteo 2,4) que no se complace en la muerte del pecador, sino en que el pecador se aparte de su camino y viva. (Ezequiel 33,11)

De ahí que su castigo parece tardar, pero por otro lado si Dios fuera milimétricamente justo en nuestra vida, es posible que en su justo castigo ya no existiéramos como especie humana, ya sea por obra o simple omisión hemos dejado crecer el mal en el mundo y en nosotros, en muchos aspectos hemos sacado a Dios de nuestras vidas; bien decía el Salmista:

El Señor es ternura y compasión, lento para enojarse, pero lleno de amor. No nos trata según nuestros pecados, ni nos paga según nuestras ofensas. (Salmo 103, 8.10)

Esa ternura y compasión de Dios se consolida en Cristo, de quien canta el pregonero de la vigila pascual:

¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

 El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El soportó el castigo que nos trajo la paz y por sus llagas fuimos sanados. (Isaías 53,5)

En otras palabras, si hubiera un castigo (diferente al de la corrección) para nosotros, este castigo ya fue asumido por Cristo nuestro Señor, pagando por nosotros en la cruz. Por eso ante este tema del castigo san Pablo se sentía muy seguro y confiado:

Si Dios está con nosotros, ¿Quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios si es Dios el que justifica? ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? (Romanos 8, 31-34)

En resumen ¿Dios castiga si o no? Yo creo mas bien que los elegidos, los que han aceptado la Salvación en Cristo y lo han hecho su Señor, practicando sus mandamientos, poco deben estar preocupados, pues finalmente saben que Dios es Fiel, aunque nosotros no lo seamos pero sobre todo tienen plena certeza de que:

Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman (Rm 8,28)

Tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor. (Rm 8, 38-39)

Todo entonces sea para nuestro bien.

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