María, ¿la nueva Eva?

Reflexión y meditación @Fernandoromancj  13/05/2014

Día de Nuestra Señora de Fátima

A veces Nuestro Señor Jesús usa una forma aparentemente despectiva para resaltar algo más importante, de lo que se ve a simple vista.

Por ejemplo cuando alguien le dijo: “Maestro bueno”,  Jesús respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Bueno solo Dios”.

¿Qué es lo que quiso decir? ¿Que El no era bueno? ¿Que el no era Dios? Lo que quiso decir en realidad es que Él no es solo es una persona buena. No,  El sobre todo es DIOS… por eso dice “bueno solo Dios”.

De la misma manera en el texto llamado las bodas de Caná en el capítulo segundo del evangelio de San Juan, encontramos esta expresión a veces difícil de entender: “Mujer, ¿Qué tengo yo contigo?” (Jn 2,4). A primera vista puede sonar despectivo, pero en realidad nos invita a la reflexión: “¿Qué Relación hay entre el “YO SOY” de Dios HIJO y “el Ser de MUJER de la Madre de Cristo?”

Para entender aún más esta expresión tenemos primero que recordar el pasaje del génesis: “Dijo el Hombre: La mujer que me diste por compañera me dió del árbol y comí” (Gen 3,12).

Notamos en primer lugar lo siguiente…  Eva, La “mujer” del A.T. fue de algún modo la intermediaria del pecado, la serpiente no se dirigió a  Adán directamente, fue Eva la que escuchó primero a la serpiente y fue ella quien invitó a su marido… eso no pretende eximir ni repartir culpas, ambos son igualmente responsables, pero sirve para comparar los textos:  porque ahora será Santa María, la nueva EVA, será la nueva intermediaria, pero ahora de la gracia y de la salvación.

Desde su Si en el anuncio del ángel: “hágase en mí según su palabra”, y en el pasaje llamado de las bodas de Caná, pasaje lleno de simbolismos, es ella quien intercede ante Jesús resaltando: «hagan lo que Él les diga». Eva diría seguramente lo mismo, “hagamos lo que él nos dice” pero su “el” se refiere a la serpiente, al enemigo de Dios; pero ahora Santa María invita a la obediencia a Jesús el Salvador…

Ahora bien, si María sería la Nueva Eva, ¿Quién es el nuevo Adán? San Pablo dirá que Jesucristo, precisamente en el mismo Sentido de la Obediencia: si por un hombre vino la perdición, por un hombre vino la salvación (Rm 5,17)

pero entonces ¿Qué Relación hay entre el “YO SOY” de Jesucristo y el clamor hacia María: “MUJER”?

Si en el A.T. Adán y Eva eran por decirlo de algún modo cónyuges o esposos, ahora la relación entre la Nueva Eva y el Nuevo Adán será la del amor más tierno e incondicional que se ha visto en la Tierra: la de una Madre por su Hijo. Y esto es lo que se resalta en este texto, la función e importancia del término “mujer” cambia ahora de sentido y se entiende ahora, ya no como despectivo, sino como dijimos antes,  para resaltar algo muy importante, más importante de hecho de lo que se ve a simple vista.

Para entenderlo aún mejor nos ubicamos en donde nuestro Señor Jesús vuelve a utilizar el término mujer, ahora en el “Árbol de la Cruz”, el verdadero “Árbol de la vida”, mientras la sangre gotea hasta el suelo de la tierra que hasta ese entonces había estado “maldita por culpa del primer hombre”, con la sangre derramada en Cristo ahora se redime.

Están al pie del Árbol ahora de la cruz “LA NUEVA EVA” delante del “NUEVO ADÁN” quien se encuentra pagando el pecado del viejo Adán y sus descendientes.

En ese momento dejamos de ser condenados y nos convertimos en discipulos amados. Se da entonces la escena contraria a la del jardín del Edén, que ya venía prefigurándose desde Caná… cuando “todavía no había llegado su hora”… pero ahora ¡si había llegado!… y de su costado brotara agua y sangre,  recordando el agua que había sido transformada en vino y desde ahora  ¿cómo podrá negarse Nuestro Señor Jesús a los ruegos de su Madre, cuando ni siquiera pudo negarse aun cuando no había llegado su hora?

Más aún, ahora El discípulo amado, ha heredado también esa relación de maternidad entre la “Mujer” y el nuevo hombre al que todos estamos llamados a ser: “Hijo, he ahí a tu madre”, y “la Mujer” ahora hereda una nueva misión: “Mujer… he ahí a tu hijo”…  No se guardó Nuestro Señor Jesús nada para sí, Ni su vida, ni tampoco a su amada Madre. Todo, tal cual, todo nos lo entregó. 

Todos los discípulos amados serán a partir de ese momento: Hijos para la “mujer”…

Adquiere mayor sentido aquella otra aparente frase despectiva en la biblia : «Mi madre y mis hermanos son todos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica», dirá Jesús mismo. Pero Se entiende ahora, ya no como despectivo, sino como dijimos anteriormente,  para resaltar algo muy importante: que es inseparable de la cruz de Cristo la expresión: «mi madre y mis hermanos».

Es interesante el hecho de que en el Apocalipsis del mismo apóstol Juan se vuelve a usar el término “Mujer”, en el siguiente texto: “Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al hijo varón. Se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un rio de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer, abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del dragón. Entonces despechado contra la mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus Hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. Yo estaba en pie sobre la arena del mar” (Ap, 12 13-18).

Son varias y hermosas las simbologías y expresiones sobre la mujer, y si bien la imagen para algunos se refiere a la Iglesia, es muy interesante que habla de quien da a luz al Hijo varón y el simple término “mujer” nos hace recordar a aquella “mujer” al pie de la cruz del que hablaba el discípulo amado, mismo autor del Apocalipsis. Otra vez están juntos en un solo texto «la mujer y sus hijos» como «mi madre y mis hermanos»

 El Diablo vomitó de sus fauces como un rio de agua, como vomitan hoy todavía muchos improperios y palabras denigrantes en contra de María, simplemente porque no terminan de entender tan digno papel en la historia de la Salvación, no por elección de ella misma, sino de Dios como cuando el ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido>> (Lc 1,30) «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! (Lc 1,42); pero ya lo había dicho Jesús: Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás miembros de la familia! (Mt 10,25)  (notese la literalidad del texto «familia» ante esta situación que comentamos)

Pero  aquí hay algo también muy interesante: que al no poder el enemigo vencer a la mujer (quedando la mujer Victoriosa sobre el dragón) la guerra se hará ahora contra el resto de sus hijos, ¿hijos de quién? De la “Mujer”. Pero ¿quiénes son estos otros hijos?, ¿acaso María tuvo otros hijos? Si, pero ya no de la carne, sino como dice el mismo texto, son ahora: “los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17) equivalente a los que HACEN lo que Jesús dice (Jn 2,5) Y aquí vuelve a adquirir mayor sentido aquella palabra de Cristo: “Mi madre y mis hermanos son todos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 8,21). No es entonces una frase despectiva hacia la Mujer, sino como hemos dicho ya anteriormente,  para resaltar algo muy importante: María es en quien el término mujer adquiere toda plenitud.

Finalmente, todo lo que es María, “la mujer” del nuevo testamento, lo es como consecuencia de ser “la esclava del Señor” Se hace en ella, algo más que una concepción milagrosa, sino que toda ella se ha moldeado de acuerdo a LA PALABRA, como las mujeres que se adaptan en su cuerpo para recibir a su Hijo, pero en María eso ha implicado algo más allá de lo corporal: Si el Hijo de Dios se encarna en ella, eso implica que toda la humanidad de María es colocada o heredada en el hijo, incluyendo aquella Sangre que sería derramada para nuestra salvación.

Pero también de algún modo lógico e irrefutable el Hijo debió compartirse en la más mínima parte por lo menos, hacia María. ¡Santo cordón umbilical, donde compartían el Hijo y la Madre!

Nuestro Señor Jesús fiel a los mandamientos, ha honrado a su Madre. ¿O es que el Hijo de Dios sin mancha de pecado acaso podría haber infringido el mandamiento y dejar honrar a su padre y a su madre? Por supuesto que no. Y ¿Que significa honrar?

Bienaventurada Seas por siempre y de generación en generación, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en Ti (cfr. Lc 2,  48-50)

María no se roba la gloria de Dios… Ella como cualquier madre quiere ver los proyectos de su hijo salir adelante. Ese es el verdadero triunfo del corazón inmaculado: La instauración del Reino de Jesucristo. Y ese también deber ser nuestro mayor anhelo. Solamente alguien con la verdadera pasión con la misión de instaurar el Reino, puede entender, al menos un poco esa pasión de María; ella no se roba la gloria de Dios, al contrario, en esta “Mujer” aplica en plenitud el texto siguiente: «¡Muchas mujeres han dado pruebas de entereza, pero tú las superas a todas!». Engañoso es el encanto y vana la hermosura: la mujer que teme al Señor merece ser alabada. Entréguenle el fruto de sus manos y que sus obras la alaben públicamente. (Prov 31, 29-31)

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Apéndice: La Lumen gentium recuerda el contraste entre el modo de actuar de Eva y el de María, que san Ireneo ilustra así: «De la misma manera que aquella -es decir, Eva- había sido seducida por el discurso de un ángel, hasta el punto de alejarse de Dios a su palabra, así ésta -es decir, María- recibió la buena nueva por el discurso de un ángel, para llevar en su seno a Dios, obedeciendo a su palabra; y como aquella había sido seducida para desobedecer a Dios, ésta se dejó convencer a obedecer a Dios; por ello, la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva. Y de la misma forma que el género humano había quedado sujeto a la muerte a causa de una virgen, fue librado de ella por una Virgen; así la desobediencia de una virgen fue contrarrestada por la obediencia de una Virgen…» (Adv. Haer., 5, 19, 1). El Catecismo de la Iglesia católica resume de modo sintético y eficaz el valor decisivo para toda la humanidad del consentimiento libre de María al plan divino de la salvación: «La Virgen María colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación de los hombres. Ella pronunció su «fiat» «loco totius humanae naturae» («ocupando el lugar de toda la naturaleza humana»). Por su obediencia, ella se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes» (n. 511). fuente de este párrafo: https://es.catholic.net/op/articulos/3675/cat/301/maria-es-la-nueva-eva.html#modal

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