¿Qué nos espera después de la muerte?

Algunos creyentes cristianos suponen que después de la muerte entramos en un profundo sueño y despertaremos para el juicio solo hasta la segunda venida de nuestro Señor. En realidad esa es una doctrina no católica que solo quiere refutar la intercesión de los santos, pues si duermen todos los que mueren no tendría sentido pedir su intercesión. Pero ¿Qué nos dice realmente la Biblia sobre lo que ocurre después de la muerte?

La biblia en general no pretende aclarar todas las dudas sobre el misterio de la muerte, básicamente nos da algunas pistas, pero en resumen nos indica que hay «dos caminos»: el camino ancho que lleva a la perdición o condenación, y la senda angosta que lleva a la salvación, y por cierto Jesús mismo dirá qué El es la puerta, Que El es el camino, la verdad y la vida (Jn 10,10)

El mismo purgatorio es un tránsito, pero no un destino final. por lo tanto podemos decir que serían al final dos únicos puertos de llegada.

De lo que hemos llamado cielo, y de lo que Jesús llamará más a menudo Vida eterna dice la biblia lo siguiente:

13 No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. 14 Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. 15 Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. 16 Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. 17 Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, serenos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre. (1a Tesalonicenses 4)

1 «No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. (Juan 14)

Estos textos, no hablan de un profundo sueño o dormición, solo hace referencia a que resucitarán en el día de la segunda venida definitiva de nuestro Señor. Sin embargo para interpretar las sagradas Escrituras con seriedad, se deben revisar todos los textos bíblicos que hablen de algún tema y no solo quedarse con los mas convenientes a una forma de pensar.

Por cierto ¿a donde fué el ladrón perdonado en la cruz si Jesús Mismo le dijo que «Ese mismo día estaría con Él en el paraíso?

En el libro del Apocalipsis mucho antes de la Llegada triunfante de Cristo y la nueva Jerusalen, se leen pasajes similares a este:

Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?». 14 Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor». Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono habitará con ellos: 16 nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. 17 Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos» (Apocalipsis 7)

Una vez recordados los textos anteriores bien parece justo dejar abierta la posibilidad que una larga dormición no es el destino inmediato para los que fallecen, pareciera que hay un sitio de espera, un juicio preeliminar antes de la gloria definitiva pero que ya nos acerca a estar «Delante del trono de Dios,» si es que hemos lavado nuestras vestiduras.

Continuando con el tema vale la pena citar un texto bíblico muy interesante, se trata de un hecho narrado por el mismo Jesús a modo de parábola o metáfora, sin embargo no está exenta de interpretación en lo que sucede después de la muerte, se trata de aquella historia o texto del paupérrimo Lázaro y el rico Epulón, que a continuación cito textual:

En aquellos días dijo Jesús esta parábola: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham.

Mural, Iglesia San Clemente

Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.” (Lucas 16, 19ss)

Este texto que habla sobra la caridad necesaria que debemos tener ante el prójimo, uno de los temas favoritos del médico Lucas. Sin embargo también podemos notar algunos datos curiosos ante los cuales ni Jesús ni sus oyentes pareciera generar asombro o sorpresa.

  1. Ni el Patriarca Abraham ni Lázaro están durmiendo, es más el texto resalta cierto estado de falta de sufrimiento incluso de consuelo.
  2. El rico que no está tampoco dormido habla de pasar sufrimiento por el calor de un llama, se hace alusión al Hades.
  3. No hay un lapso de tiempo entre la muerte de Lázaro y la muerte del Rico y su posterior situación o estado, aparenta cierta inmediatez.

Respecto a este tema de la muerte conviene recordar ya por último el siguiente texto bíblico:

lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman (1a Cor 2,9)

Esto significa que hay profundidades que no están a nuestro alcance y que la Gloria y el Infierno definitivos están lejos de poder ser descritos en su totalidad. Del Catecismo de la Iglesia Católica leemos:  Este «cómo ocurrirá la resurrección» sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe. (CATIC 1000)

«CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE» (ALGUNOS TEXTOS DEL CATECISMO DE LA IGLESIA QUE NOS HABLAN DEL TEMA)

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que d el mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:

«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. «La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella» (Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1):

«¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe […] ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. 20).

¿Cómo resucitan los muertos?

997 ¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.

998 ¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29; cf. Dn 12, 2).

999 ¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo» (Lc 24, 39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él «todos resucitarán con su propio cuerpo, del que ahora están revestidos» (Concilio de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será «transfigurado en cuerpo de gloria» (Flp 3, 21), en «cuerpo espiritual» (1 Co 15, 44):

1001 ¿Cuándo? Sin duda en el «último día» (Jn 6, 39-40. 44. 54; 11, 24); «al fin del mundo» (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:

«El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar» (1 Ts 4, 16).

Resucitados con Cristo

1002 Si es verdad que Cristo nos resucitará en «el último día», también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:

«Sepultados con él en el Bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos […] Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (Col 2, 12; 3, 1).

El juicio particular

1021 La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo (cf. 2 Tm 1, 9-10). El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros.

1022 Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre.

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